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La guerra entre Estados Unidos e Irán lleva ya cuatro días sin señales de desescalada, y el mercado ha dejado de tratarlo como un evento puntual para empezar a descontar un problema con impacto inflacionario. La combinación de caída en acciones junto con bonos cayendo refleja ansiedad por inflación. Irán amenazó con atacar cualquier barco que intente cruzar el Estrecho de Ormuz, Estados Unidos pidió a sus ciudadanos salir de Oriente Medio, y Trump prometió hacer lo que sea necesario.
A pesar de este panorama, la sesión del lunes mostró que el reflejo de comprar la caída sigue vivo, los índices abrieron con fuertes pérdidas pero fueron recuperando terreno durante el día. Sin embargo, la estructura de volatilidad no acompaña el optimismo, el VIX se mantiene elevado, las correlaciones implícitas marcaron nuevos máximos, y la curva de futuros de VIX está prácticamente plana, lo que sugiere que el mercado no confía en que la calma persista.
El riesgo principal es que si la energía sigue subiendo, el mercado pase de descontar un evento geopolítico a descontar un impulso estanflacionario donde la inflación sube, la confianza en el crecimiento baja, y los bancos centrales tienen menos margen para responder.